viernes 15 de enero de 2010

Más allá del agua, el agua

A la comunidad de Sardinal de Carrillo, Guanacaste, por su lucha en defensa del agua.

“Si el hombre es un gesto
el agua es la historia.
Si el hombre es un sueño
el agua es el rumbo.
Si el hombre es un pueblo
el agua es el mundo.
Si el hombre es recuerdo
el agua es memoria…”
J.M. Serrat.

Por: Juan Félix Castro Soto
Pastoral Social, Diócesis de Tilarán-Liberia

En realidad las disputas por el control del agua van más allá de una lucha por la administración del abastecimiento. Sin que ello deje de deparar una gran importancia, en términos de las posibilidades de satisfacer las demandas inmediatas del líquido, que se materializan en tres aspectos fundamentales: la ingesta, la higiene y la producción. El agua es además un elemento poderosamente cargado de simbolismos. A lo largo de los siglos las culturas se han definido y modelado en torno de sus posibilidades de acceso al agua. La corriente del agua cuenta la historia de las vivencias de los pueblos en relación con sus estilos de vida.
Las ciencias y las artes están cargadas de imágenes y conceptos que dan cuenta de la influencia del agua en la vasta producción humana. Por ejemplo, los sistemas de acueductos construidos en épocas pasadas, la pintura, la literatura o la poesía, constituyen canales de comunicación a través de los cuales se transmiten vivencias y significados, emparentados con formas organización social y convivencia, que se diferencian entre las diversas especificidades culturales y entre una y otra época.
En otras palabras, los tipos de relaciones que se han establecido en torno del acceso al agua son portadoras de una riqueza simbólica y de significados que forman parte de la constitución ontológica del ser humano. Solo la composición del material biológico del que está conformado el cuerpo humano, que requiere de una ingesta constante del líquido, predispone a una condición psicológica en la cual se le atribuye al agua el significado de posibilitadora de la vida. Puede decirse que el tejido celular reposa en un ambiente acuático, por eso el tema del agua está presente siempre a nivel de la conciencia inmediata. En consecuencia, las luchas por la defensa del agua tienen carácter de esencialidad, en la medida en que son luchas ante todo por la defensa de la supervivencia.
Más allá del agua en nuestro cuerpo se encuentra el agua que corre, que cae, que nace y que reposa en los múltiples escenarios naturales donde de forma espontánea las aguas fluyen. Brotan de estos calificativos sensaciones y sentimientos que devienen del encuentro entre el ser humano y el agua: las aguas mansas, las tempestuosas, las aguas profundas, las cristalinas, las refrescantes, las aguas calmas. Todas ponen de manifiesto estados de ánimo que caracterizan el desarrollo de potencialidades humanas. Más adelante, como se sugirió, dichos estados de ánimo contribuyen a la estimulación científica y artística. Pero el encuentro con el agua, en sus fuentes originales, conduce también a la aparición del mito. Se rompen los límites neuróticos de la subjetividad cuando los mitos se abren paso a través de la conciencia dando explicación a los enigmas de la Naturaleza con duendes, ninfas, sirenas, Narcisos o los monstruos subacuáticos.
Hasta el momento he hablado de cargas afectivas que se depositan en el recurso agua como formas positivas de relacionarse con este elemento vital. En dichos términos el agua es inspiradora, estimula la imaginación y la creatividad y alienta estados de ánimo emocionalmente edificantes. En este orden de importancia el agua es sujeto, participa del desarrollo humano, tanto en su dimensión de filogénesis o antropológica, como en su dimensión ontológica.
El agua frente a la vida humana resulta una especie de otro semejante, pero enigmático, que se relaciona en complementariedad y colaboración. Se desprende de ello un concepto de vida que trasciende al ser humano, porque dicho concepto no está completo solo con la existencia humana, más bien necesariamente incluye al agua y con ella a la Naturaleza misma, solo así la connotación del significado “vida” adquiere un sentido íntegro. Vista de esta manera la palabra vida es la suma de humanidad y Naturaleza en una relación de complementariedad. La canción de J. Serrat “El Hombre y el Agua” y la obra de G. Bachelard “El Agua y los Sueños”, exponen con sensible prosa las relaciones de complementariedad manifiestas entre el ser humano y el agua.
No obstante, en el marco de la globalización, el neoliberalismo y la sociedad de mercado los significados del agua tienden a cambiar. Se mira este recurso como una mercancía. Se omite hablar del agua en relación con los significados descritos. El agua se visualiza como una herramienta de poder. La administración de este recurso confiere capacidad para controlar. Aquí subyace la base de la disputa por el agua. Se puede controlar por la dependencia a la ingesta, la higiene y la producción, pero a cambio se van aniquilando esos espacios donde surgen esos estados de ánimo provocados por la contemplación y el esparcimiento.
Con la muerte de los significados positivos en el marco de la relación del ser humano con el agua, se reduce la capacidad de ejercitar el desarrollo de potencialidades humanas edificantes. Como sucede en “El Hombre Unidimensional” de H. Marcuse. La influencia del agua en el desenvolvimiento de las ciencias y las artes deja de ser una influencia estimulante de procesos de crecimiento personal. El agua convertida en mercancía contaría una historia adversa a las posibilidades de reconciliación del ser humano con la naturaleza.
La sociedad de mercado y las aspiraciones a la apropiación del agua por parte del poder vigente sustraen el agua del contexto natural. Saben que necesitan del bosque y de la ausencia de contaminación por la potabilidad que produce riqueza, no por ser un recurso con valor propio. Esta forma enajenada de percibir el valor del agua es lo que permite la explotación excesiva del recurso, cuyo objetivo es venderlo a todo el que lo pida siempre y cuando paguen por su uso. Los aniegos de monocultivos, los usos en centros de recreación exclusivos y la utilización en la industria, así como la venta de agua embasada, constituyen las principales actividades que dan cuenta del agua como insumo de explotación excesiva y humanamente carentes de gratificación.
Por último, el estatus de derecho humano como respaldo del acceso al agua para la población debe plantearse y defenderse como imperativo, igualmente la prohibición a la privatización. No obstante, esta acción constituye solo el primer paso para liberar a este recurso de la exponencial ambición depositada en la lógica de mercado. El verdadero aprecio al agua pasa por el reconocimiento de esos significados sobre los cuales se ha hecho énfasis a lo largo de este artículo. Pasa también por la necesidad de promover procesos de socialización de cara a la Naturaleza y no de espaldas a la misma. Entender que ser humano y Naturaleza devienen complementos.